Robo bancario en la nueva era del delito


Dentro de unos años, cuando alguien piense en el robo a un banco, no imaginará en su cabeza a un par de tipos entrando armados a la sucursal bancaria. No vendrá a su mente el famoso grito “¡esto es un atraco, todo el mundo al suelo!”.

No habrá pasamontañas ni decenas de policías apostados a la salida del banco. Esta imagen de un robo bancario está a punto de convertirse en algo de un pasado lejano, algo así como el robo a las diligencias del lejano oeste. El mundo cambia y con él cambia el delito y los criminales.

Hace algunos años, el perfil del ladrón bancario era el de un tipo violento, con formación en armas y con amplia experiencia criminal. Hoy en día, ese perfil ha cambiado, ya no es necesario ser un temerario, no se necesita manejar armas ni saber conducir a toda velocidad para escapar de la Policía. Hoy, los ladrones de banco no llegan a pisar nunca ninguna sucursal, no tienen ningún coche esperando a la salida y van armado solo con una computadora.

El mundo del crimen evoluciona y la Criminología, como ciencia que estudia y analiza este crimen, debe también evolucionar para adaptar sus teorías y modelos explicativos a la realidad del momento. Desde hace algunas décadas, existe un tipo de crimen que antes no existía: los delitos que ocurren en el ciberespacio. El mundo virtual ha supuesto una auténtica revolución para todos los ámbitos: comunicación, entretenimiento, empresarial, económico…y también para el mundo del delito.

La Criminología ha tratado de usar algunas teorías tradicionales para adaptarlas al cibercrimen, algunas ya tratadas en otros posts.

Sin embargo, aunque el crimen no deja de ser una conducta, se realice en el mundo físico o en el virtual, y aunque los criminales no dejen de ser personas, parece evidente que es necesario incluir algunos elementos específicos del ciberespacio que hacen del crimen virtual algo particular y diferente al crimen del mundo físico.

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Algunas teorías tradicionales pueden explicar algo, pero al final puede ocurrir que “estiremos” mucho a una teoría que fue pensada y desarrollada para explicar el crimen que ocurre en unas dimensiones completamente distintas a las que se dan en el mundo virtual.

Algunos criminólogos y profesionales de este ámbito están ya trabajando en un nuevo modelo teórico, en un enfoque que se ha dado en llamar “Cibercriminología”, una subdisciplina dentro de la Criminología general que estudia, analiza y explica este fenómeno concreto.

Este desarrollo necesita aún de algunos años, no solo porque la mayoría de los Criminólogos no se han adaptado aún al mundo cibernético, sino porque el mundo actual y las personas, aún no somos completamente conscientes de lo que es el nuevo mundo digital.

Las nuevas tecnologías se han instalado y han evolucionado con tal rapidez que ni los propios ciudadanos, ni las empresas, ni los policías, ni los jueces o políticos han sido capaces de adaptarse a todo lo que ha supuesto internet y el mundo virtual.

Precisamente, muchos de los ciberdelitos que ocurren actualmente, desde el phishing hasta el grooming, han aprovechado este retraso en la adaptación para propiciar la comisión de estos delitos y el acceso a víctimas indefensas.

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Aún, la mayoría de los ciudadanos pensamos que un mail de nuestro banco es un mail real o que un contacto de Instagram que dice tener 15 años es realmente un amigo adolescente.

Posiblemente, la generación “Z “, los llamados “centennials”, personas plenamente digitales, sean capaces de procesar y adaptarse a los cambios tecnológicos con la misma rapidez con la que se producen.

Es probable que el cibercrimen que conocemos actualmente sea tan obsoleto dentro de 10 años como para nosotros lo es hoy pensar en forajidos asaltando trenes. Es muy posible también que los Criminólogos centennials ya sean capaces de general teorías del crimen puramente digitales.

Mientras nos sustituyen estos criminólogos, los que estamos a caballo entre las dos realidades actuales, debemos empezar ya a tratar de dar respuestas y modelos explicativos al cibercrimen.

A continuación, vamos a tratar de exponer algunos elementos diferenciadores del mundo digital que debemos tener en cuenta para hacer teorías criminológicas del ciberdelito. Aunque nos centraremos en una tipología delictiva muy concreta, el robo a bancos, mucho de lo expuesto puede ser extrapolado a otro tipo de ciberdelitos.

En primer lugar, y recordando la situación planteada en las primeras líneas de este post, debemos identificar el principal elemento diferenciador: el espacio.

El espacio, tal y como lo concebimos en el mundo físico, no tiene nada que ver con lo que es el ciberespacio. En el mundo digital no hay barreras, no hay obstáculos, no existen los lugares georeferenciados y delimitados espacialmente.

El Banco X en el ciberespacio está tan cerca de España como de Australia o Japón. Ese banco ya no tiene paredes, ni puertas que derribar, el dinero no se esconde en cámaras acorazadas o cajas fuertes, sino en procesos informáticos de ceros y unos.

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¿Cómo podemos aplicar aquí las Teorías Situacionistas tradicionales de la Criminología?

Según dichas teorías, la situación, el contexto espacial influye en la comisión o no de un delito, de tal forma que, si colocamos estructuras físicas de seguridad, éstas podían hacer de un banco un lugar seguro.

Por ejemplo, durante muchos años se pensaba que la mejor seguridad para los bancos era su capacidad para ser inexpugnable a través de gruesos muros de cemento y hormigón armado. Más tarde, apareció un nuevo término en Criminología, la “Vigilancia Natural”.

Este término hacía referencia a que se podían construir lugares seguros haciendo que los ciudadanos y otras personas se convirtieran de forma inconsciente en guardianes o vigilantes. Si unos atracadores finalmente llegaban a entrar en un banco lleno de muros gruesos, nadie podría verlos ni saber lo que estaba pasando dentro, por lo que se llegaba incluso a generar una situación de seguridad para los propios atracadores.

Entonces, con la vigilancia natural hacemos lo contrario, en vez de construir grandes muros, hacemos sucursales con grandes cristaleras, colocamos dichas sucursales en esquinas de calles y si puede ser al lado de bares o zonas muy concurridas.

El efecto que tenemos es que, si unos atracadores entran en la sucursal y sacan unas armas, todo el mundo desde la calle se convierte en testigo que puede llamar a la policía. Los transeúntes o los que se están tomando una cerveza pueden ver a través de las cristaleras lo que ocurre dentro de la sucursal.

Este es solo un ejemplo del manejo del espacio y la situación para condicionar el robo a un banco. Pero, ¿cómo podemos adaptar esta experiencia al Banco X del ciberespacio? Estamos trabajando en otra dimensión completamente distinta, donde la situación ya no es espacial tal y como la conocemos.

Otro aspecto o elemento diferenciador del mundo virtual tiene que ver con la propia motivación del criminal.

El mundo virtual ofrece una serie de características que hacen que las personas puedan estar más predispuestas o motivadas para cometer un delito en internet que nunca se plantearían cometer en el mundo físico.

Esto es muy importante, ya que lo que decimos es que el mundo virtual facilita y atrae el crimen. Esto tiene una explicación muy clara, los delitos en el ciberespacio son relativamente fáciles de cometer, pueden ser lucrativos y lo que es más importante, posiblemente queden impune.

Si yo robo un banco a la “antigua usanza”, tengo que afrontar una situación comprometida, tengo que usar la fuerza, amenazar, enfrentarme posiblemente a vigilantes o empleados, además de ir muy rápido para no toparme con la puerta llena de policías y francotiradores.

Las sucursales bancarias actuales suelen contar con poco dinero en efectivo, por no hablar de cajas fuertes con retardo u otros sistemas que impiden obtener grandes sumas de dinero. Hay que tener en cuenta que el dinero físico pesa y hay que transportarlo.

Finalmente, si llega la Policía antes de que me vaya de la sucursal, ya me puedo dar por perdido. Decenas de policías, helicópteros y cierres de carreteras hacen muy complicado que pueda salir impune. Incluso aunque lo haga, posiblemente durante mi atraco deje toda una serie de indicios forenses materiales que permitirán tarde o temprano que algún policía toque mi puerta. Otra vez el espacio poniéndolo difícil.

Bueno, alguien puede plantear que un robo informático a un banco tampoco es algo muy fácil. Es cierto, pero el nivel de exposición y riesgo es mucho más bajo para un ciberladrón que para alguien que entra con una escopeta a la sucursal.

Si soy capaz de burlar la seguridad informática del banco, posiblemente pueda acceder a una cantidad de dinero mucho más alta que a la que podría acceder en un robo físico. Aquí además no hay nada físico, no tengo que cargar ni transportar nada, todo es proceso informático con números sobre una pantalla de ordenador.

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Pero, además, el anonimato y la rapidez que me ofrece internet hacen que sea muy complicado que me puedan detener (al menos más difícil). La Policía, los Jueces y las políticas legales que sí existen el mundo físico, no parecen muy útiles para funcionar en un entorno virtual, por lo que la persecución del delito se complica. A lo mejor soy tan torpe y me llegan a identificar como el ladrón de ese Banco X pero, ¿podrá la policía detenerme o la justicia extraditarme o juzgarme en función del país en el que estoy?

En el ciberespacio todos podemos ser más fantasmas e invisibles de lo que les gustaría a las autoridades y gobiernos. Mientras eso no cambie, mientras la impunidad del ciberdelito no se trabaje, no podemos generar un efecto disuasorio en una persona que, ni loco se atrevería robar la sucursal bancaria de su barrio, pero sí se atrevería a intentarlo con la banca online.

Pero esto es además más peligroso de lo que pensamos. No es que el ciberdelito pueda atraer a personas que en el mundo físico no cometerían ningún delito, sino que, además, los criminales del mundo físico también empiezan a ser atraídos por el ciberespacio para trasladar o ampliar su actividad criminal.

Grupos de crimen organizado que se dedicaban al fraude o a la estafa en el mundo físico, han empezado a interesarse por actuar en el ciberespacio, ya que estos elementos que caracterizan al mundo digital lo hacen mucho más atractivo.

Otro aspecto importante, y que ya ha sido mencionado de alguna forma anteriormente, tiene que ver con la interacción física versus la interacción digital. Si yo entro en una sucursal bancaria a robar, debo estar preparado para afrontar y gestionar una interacción física principalmente mostrada a través de la violencia.

Muy posiblemente tenga que usar la fuerza física e incluso puedo llegar a herir a otra persona. Aún más, a lo mejor soy yo el que resulto herido o dañado. Todo esto desaparece en el ciberespacio, donde los ciberdelitos se producen sin ninguna necesidad de ejercer fuerza o violencia física. Esto disminuye el riesgo para el criminal y suprime el efecto inhibitorio o disuasorio que el uso de la violencia puede tener en algunas personas.

Todo esto, lo que nos dice, es que las normas y valores del mundo físico son muy distintas a las normas y valores del mundo virtual. Nuestro funcionamiento “animal” está muy basado en el contacto físico, en lo que podemos ver, tocar y sentir por nuestros sentidos.

Lo que puedo ver es real, lo que tengo cerca puede ser un peligro, los demás me pueden ver y juzgar en la cercanía de mi comportamiento. Todo esto no funciona, no sirve en el ciberespacio.

Cuanto antes la Criminología, la Cibercriminología debe imaginar cómo será el robo a un banco del futuro y debe ser capaz de incluir en sus elementos de estudio al ciberespacio, pero no como una ampliación del espacio, sino como una dimensión propia y distinta.

 

Publicado por Juan David Castañeda

Over 10 years, Juan David has gained experience in the information security field, both in service provision roles, working for firms such as PwC, and with overall responsibility for the security model in organisations of the likes of Liberty Seguros Colombia and the Sanitas International Organisation. In 2018, he joined buguroo in the region of Latin America and the Caribbean to lead presales tasks that leverage business closures and company growth.


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