Adolescentes y Ciberdelincuencia. El Efecto de la Desinhibición Online

Publicado por Jorge Jiménez - 21/11/2018

Nuestros adolescentes de hoy forman parte de la Generación Z, son jóvenes que han nacido y crecido en la era de las nuevas tecnologías, no conciben un mundo desconectado, sin acceso a internet o a redes sociales. Desde pequeño se han manejado con computadoras, tabletas y smartphones, son complementos de uso diario en sus vidas. Junto a esto, los datos también nos indican que el cibercrimen cada vez atrae y se vincula más con población adolescente.

Un estudio de la National Crime Agency (NCA) de UK muestra que el 61% de los piratas informáticos identificados en ese país comienzan su actividad antes de los 16 años. En 2015, la Oficina Australiana de Estadísticas e Investigación del Delito informó que los delitos de ciberfraude cometidos por personas menores de 18 años habían aumentado en 26% en los dos años anteriores y el 84% en los tres años anteriores. En una encuesta reciente realizada por una compañía de seguridad en línea, aproximadamente 1 de cada 6 adolescentes en los EE. UU. y 1 de cada 4 adolescentes en el Reino Unido informaron que habían intentado alguna forma de "piratería" de Internet .

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En España, cada año durante los últimos cuatro, se detienen o investigan a más de 300 jóvenes menores de 15 años por ciberdelitos.

Las habilidades necesarias para cometer un delito cibernético son hoy menores que nunca, ya no es necesario ser un experto en informática o programación para realizan hacking. Distintas herramientas de hackers se encuentran disponibles en la red a un bajo costo para el usuario. Existen centenares de tutoriales y manuales digitales que explican paso por paso cómo acceder a ordenadores o robar contraseñas.

Todo ello en entornos, redes sociales o webs vinculadas a contenido para adolescentes. Un ejemplo son los entornos relacionados con los videojuegos donde, junto a tutoriales que ofrecen trucos y consejos sobre algunos videojuegos, también muestran cómo craquearlo o apoderarse de licencias de juego. Es en estos contextos donde a muchos adolescentes se les inocula el virus del ciberfraude, a obtener productos y servicios de forma gratuita a través de técnicas hacking, lo que puede hacer que muchos continúen más allá en una escalada cibercriminal.

Y si tenemos en cuenta que el prefijo ciber no hace que el delito sea menos importante, serio o peligroso para la sociedad, lo que nos encontramos es a unos adolescentes que empiezan a tener un contacto más cercano con el delito. Si antes, el ambiente delincuencial se podía identificar y limitar desde un punto de vista espacial y geográfico, esto hoy no existe en el cibercrimen.

Como se muestran en los dato anteriores, no es necesario vivir o criarse en un ambiente delincuencial o marginar para ser testigo o partícipe de una actividad cibercriminal. Además, esta exposición criminal se realiza a una edad más temprana, lo que va a influir en los procesos de aprendizaje social de valores y creencias de estos jóvenes. Unos datos atestiguan este hecho: la media de edad de detenidos por delitos de drogas en 2015 en Reino Unido fue de 37 años y la de detenidos por delitos económicos fue de 39 años.

Si recordamos el dato anteriormente mostrado, la de ciberdelicuentes baja hasta los 17 años. A continuación vamos a tratar de aportar conocimientos que explique esta realidad, que arrojen luz sobre este fenómeno específico del ciberdelito.

 

¿Qué circunstancias o condicionantes llevan a algunos jóvenes a involucrarse en actividades criminales en la red?

Para ello vamos a comenzar presentando una teoría tradicional de la Criminología, la Teoría General del Delito de Gottfredson y Hirschi.

Esta teoría sostiene que las personas con mayor tendencia a delinquir, son aquellas que tienen un autocontrol bajo, es decir, que no pueden controlar sus impulsos, alterar sus emociones y pensamientos para interrumpir comportamientos indeseables.

Tener bajo autocontrol implica que la persona no es capaz de demorar sus recompensas, que no tiene paciencia y actúa impulsivamente para conseguir aquello que desea.

Esto implica, en la mayoría de las ocasiones, involucrarse en conductas delictivas. Este bajo autocontrol es típico de los adolescentes, los cuales no disponen en esa edad de las estructuras cerebrales necesarias generar autocontrol, no tienen esa madurez emocional que les permita controlar sus impulsos, resistirse a la presión social o calcular los riesgos de cualquier decisión peligrosa.

Esto se refleja en innumerables investigaciones que muestran cómo jóvenes que puntúan menos en escalas de autocontrol, suelen relacionarse en mayor proporción con conductas delictivas, también con el cibercrimen. El adolescente se encuentra en una fase de maduración evolutiva y de construcción de la identidad, para lo cual usa diferentes estrategias, entre las cuales está la comparación con sus iguales. Esta comparación tiene una orientación materialista donde, la posesión y adquisición de objetos y enseres materiales, se utiliza como una medida de la felicidad, de éxito y satisfacción en la vida.

Esta presión interna y externa por las posesiones, generalmente objetos de valor, suponen evidentemente un costo económico que no todos pueden asumir por medios “legales”. Si a esto le sumamos el bajo autocontrol que suele estar presente en estas edades, el resultado es que algunos adolescentes tratan de obtener esas posesiones por medios ilícitos. Ejemplo de esto puede ser la presión que sienten algunos jóvenes por poseer el último modelo de Smartphone, objeto que hoy en día no solo implica un simple aparato tecnológico, sino que es además un elemento “imprescindible” para la interacción, la comunicación y las relaciones cotidianas desde la visión de un joven.

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Esta comparación con los iguales nos lleva a otra teoría que también trata de explicar el comportamiento delincuencial en los adolescentes, la Teoría del Aprendizaje Social de Akers, según la cual, el comportamiento criminal se aprende como cualquier otro. El adolescente, por esa construcción de la identidad de la que hablábamos antes, se siente más influenciado por sus pares que por los adultos, toma como referencia e imita el comportamiento que ve en sus iguales. Si su grupo de iguales realiza, justifica y refuerza comportamientos delictivos, el adolescente tendrá más posibilidades de imitar y desarrollar este tipo de comportamientos, especialmente si los resultados de estos comportamientos suponen más beneficio que castigo.

Esta presión de los pares también es muy potente en la adolescencia, de la cual es muy difícil escapar para una persona que necesita la aprobación de los suyos. Muchos fenómenos delictivos como las pandillas, maras o bandas juveniles se explican desde este enfoque.

 

¿Qué tiene de especial internet?, ¿Qué características específicas puedes identificarse en el ciberdelito que no se encuentran en otras tipologías delictivas?

Algo de ello ya hemos hablado antes cuando indicábamos que las nuevas tecnologías e internet forman parten del día a día de los adolescentes. Han crecido en un contexto virtual donde colocan sus fotografías, donde se comunican con sus amigos, aprender, se divierten y realizan muchas otras actividades rutinarias.

Esto hace que internet sea visto como un contexto inofensivo, cotidiano, donde es más difícil catalogar que una conducta que hacemos o que hacen otros sea peligrosa o ilegal. Junto a todo esto, podemos identificar un fenómeno específico que relaciona la criminalidad adolescentes e internet, el efecto de Desinhibición online, el cual explica por qué los adolescentes se encuentran más atraídos por los ciberdelitos. Este efecto de Desinhibición online se basa en 3 elementos:

  • Neutralización: Este elemento se relaciona con la mayor permisividad que existe en internet para realizar determinadas conductas que en el mundo analógico no serían tan bien visto. Por ejemplo, colarse en el cine sin pagar para ver una película sería algo mal visto, sin embargo descargarse de forma ilegal esta película no parece tan grave. El adolescente es capaz de generar justificación de sus actos delictivos en la red, el daño se minimiza y la responsabilidad se difumina.
  • Anonimato: Este elemento nos habla de una característica muy definitoria del contexto virtual, dónde podemos interactuar sin mostrar nuestra verdadera identidad. Esto hace que los adolescentes se sientan invisibles, inidentificables, lo que le haces sentirse más cómodo para realizar conductas delictivas.
  • Seguridad: Este elemento está relacionado con los anteriores, pues la permisividad y el anonimato que ofrece internet lo que realmente provoca es la minimización del riesgo de ser castigado por una conducta delictiva. Aunque cada vez menos, identificar la existencia de un ciberdelito, perseguirlo por parte de la Policía y judicializarlo es algo complicado. Los delitos cibernéticos no suelen dejar huellas físicas como otro tipo de crímenes, ocurren en un entorno sin fronteras, multinacional, donde resulta complicado gestionarlo desde leyes y políticas del mundo analógico.

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Este efecto de la Desinhibición online conduce a los que podríamos denominar un “atractivo de la ciberdesviación” para los adolescentes, haciendo que el mundo virtual sea más tentador, fácil y cómodo para cometer un delito que el mundo analógico.

Como nos enseña la Criminología, para luchar contra el delito, también contra el ciberdelito, hay dos estrategias básicas: aumentar el riesgo del criminal y/o disminuir los beneficios delictivos. Ambas estrategias afectan a este atractivo delictivo y deben ser tenidas en cuenta para tratar de disminuir la ciberdelincuencia en adolescentes.

Temas: ciberdelincuencia, ciberdelincuente

 

 

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